Parashá Haazinu - Primera Aliá
Lee el texto bíblico e intenta comprenderlo por ti mismo, antes de leer el comentario.
La Roca es firme, y la corrupción comienza en el hombre
La aliá abre el Cántico de Haazinu con un llamado a los cielos y a la tierra a ser testigos de las palabras de Moisés. Moisés pide que sus palabras actúen como la lluvia y el rocío sobre la vegetación: no solo ser oídas por un momento, sino calar, nutrir e influir. Desde esta apertura pasa a un llamado a reconocer la grandeza de Dios.
Moisés presenta a Dios como una Roca firme, cuya obra es perfecta y cuyos caminos son justicia. No hay en él iniquidad, y se lo describe como fiel, justo y recto. Frente a esta descripción está la conducta del pueblo, descrita como una corrupción cuyo origen está en el hombre y no en Dios. Así el cántico crea, ya desde su inicio, un contraste agudo entre la firmeza y la rectitud de Dios y la capacidad humana de torcer el camino.
Al final de la aliá Moisés se dirige a Israel con reprensión: cómo se puede pagar así a Dios, cuando él es el Padre que adquirió al pueblo, lo hizo y lo estableció. El reclamo no es solo que el pueblo pecó, sino que hay aquí ingratitud hacia quien construyó su misma existencia nacional.
Reflexiones de la aliá
Las palabras de Torá deben calar y no solo ser oídas
En el plano de la idea, la imagen de la lluvia y el rocío enseña que un mensaje profundo no se mide solo por la fuerza con que se dice. A veces la mayor influencia es justamente la que entra despacio, se absorbe y cambia a la persona desde adentro.
Antes de la reprensión viene fijar el punto de verdad
Moisés no comienza por los pecados del pueblo, sino por la descripción de la justicia y la rectitud de Dios. En el plano de la idea, antes de examinar qué salió mal hay que aclarar primero cuál es la medida con la que se mide la realidad.
Firmeza frente a obstinación
Dios es descrito como Roca, mientras que la generación es descrita como torcida y perversa. En el plano de la idea, el cántico pone ante nosotros dos tipos de fuerza: una firmeza recta que se sostiene a lo largo del tiempo, y frente a ella una fuerza que se retuerce y pierde el rumbo.
No toda corrupción puede atribuirse a la realidad
La aliá subraya que el problema no está en la obra de Dios sino en la manera en que la persona elige responder. En el plano de la idea, es un paso de la culpa externa a la responsabilidad personal.
La ingratitud comienza al olvidar el origen
Moisés recuerda que fue Dios quien hizo y estableció al pueblo. En el plano de la idea, cuando una persona olvida de dónde vinieron su vida, sus fuerzas y sus logros, le resulta más fácil verse como alguien que no le debe nada a nadie.
Una reprensión profunda se apoya en un vínculo
Moisés no reprende a Israel como a extraños, sino como a un pueblo construido a partir de un vínculo. En el plano de la idea, justamente porque hay una relación de padre y pueblo, desviarse del camino duele más, pero también es más significativo para la reparación.
El cielo y la tierra convierten el cántico en un mensaje para las generaciones
La apertura no se dirige solo a la generación que está frente a Moisés. En el plano de la idea, poner al cielo y a la tierra como testigos da a las palabras una dimensión amplia y duradera, como si el cántico estuviera destinado a oírse de nuevo en cada generación.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.
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