Parashat Ajaréi Mot - Séptima Aliá
Lee el texto bíblico e intenta comprenderlo por ti mismo, antes de leer el comentario.
Esta aliá es una de las más severas y conmovedoras de toda la Torá. Los versículos no dejan lugar para interpretaciones blandas: hay actos, abominaciones, que no son sólo una prohibición halájica, sino una amenaza existencial al pueblo y a la Tierra misma.
Prohibición de Abominaciones: Cruzar Límites Morales Universales
“Ve’et zajár lo tishkáv mishkevéi ishá to’evá hi” (Y con varón no te acostarás como con mujer, abominación es, versículo 22).
“Uvjól behemá lo titén shejavtejá letam’á vah… tével hu” (Y con ningún animal te ayuntarás para contaminarte con él… es perversión, versículo 23).
Aquí la Torá declara en voz alta: hay límites biológicos, morales y espirituales que no se deben cruzar. La Torá no sólo dicta halajot, modela el alma de la nación. La Torá determina: estos actos contaminan a la persona, a la sociedad y a la Tierra.
La Tierra Reacciona: “Vatáki ha’árets et yoshvéha”
El mensaje asombroso es que la Tierra no es neutral. Cuando los pecados son graves, ella misma vomita a sus habitantes, como ocurrió con los pueblos de Canaán.
Estos pecados no son sólo personales. Profanan la santidad de la Tierra. Al pueblo de Israel se le exige no sólo conquistar la Tierra, sino ser digno de ella.
Deber de Cuidado: “Ushmartém et mishmartí”
La Torá concluye con un llamado cuidadoso pero firme:
“Ushmartém et mishmartí… veló titam’ú bahém aní Adonai elohéijem” (Y guardaréis Mi cuidado… y no os contaminaréis con ellas, Yo soy Hashem vuestro Dios, versículo 30).
La santidad no surge de la inspiración, sino del compromiso. Hay una guardia: límites, leyes, y fidelidad al pacto con Hashem.
Ser Dignos de la Tierra
“Veló taják ha’árets etjém… ka’ashér ka’á et hagóy asher lifnéijem” (Para que la Tierra no os vomite a vosotros… como vomitó a la nación que estuvo antes que vosotros, versículo 28).
No basta con haber nacido judíos o vivir en la Tierra de Israel. Hay que vivir de otro modo, más moral, más puro.
Sólo así mereceremos, no sólo permanecer en la Tierra, sino ser bendición en ella.
La moral de la Torá no transige. Pero tampoco es accidental. Está construida sobre un fundamento profundo: que el ser humano es capaz de vivir en santidad, desde la imagen divina que hay en él.