17Éle hajukím ashér tsivá Adonai et Moshé bein ish le'ishtó bein av levitó binuréha beit avíha
El silencio se instala en el campamento. Solo se oye la voz de Moisés, dirigida a los jefes de las tribus, los líderes. El discurso no se dirige a todo el pueblo, sino precisamente al liderazgo, y por primera vez se le entrega una ley sustancial: los votos. Pactos que se sellan no por escrito, sino con palabras. Promesas interiores, el peso de un compromiso que la persona asume ante el Cielo y ante sí misma.
En esta aliá (Números 30:2-17) Moisés comienza transmitiendo la palabra de Dios a los jefes de las tribus acerca de los votos y juramentos. La Torá enseña que quien hace un voto o jura un juramento debe cumplir todo lo que salió de su boca:
“lo yajél dvaró kejól hayotsé mipív yaasé” (no profanará su palabra; conforme a todo lo que salga de su boca hará, Números 30:3).
La sección continúa describiendo cómo los votos de las mujeres dependen del consentimiento del padre o del esposo, cuando ella es una joven en casa de su padre o una mujer casada. El contexto es claro: los votos se pronuncian dentro de un marco, y su validez se determina también según la situación personal y familiar de quien los hace. Si el padre o el esposo escuchan y los anulan, el voto no rige. Pero si callaron, sus votos quedan en pie.
Los Sabios observaron que la Torá abre aquí con un lenguaje especial: “ze hadavár ashér tsivá Adonai” (Esta es la palabra que Adonai ha ordenado, Números 30:2). Rashí cita aquí las palabras de los Sabios: “Moisés profetizó con ‘Así dijo Adonai: Hacia la medianoche’ y los profetas profetizaron con ‘Así dijo Adonai’; Moisés los superó, pues profetizó con la expresión ‘Esta es la palabra’”. Y aquí, al comienzo de la sección de los votos, aparece ese lenguaje, el lenguaje de la certeza absoluta. La Torá subraya que el habla de una persona no es algo menor. Un voto es un pacto, y la palabra tiene un poder creador.
Hay aquí una novedad revolucionaria: la santidad puede brotar del habla humana. El voto no es un decreto que viene de lo alto, sino un compromiso que surge del corazón, de la propia boca de la persona. Con ello se otorga a la persona una responsabilidad enorme: sus palabras pueden crear obligaciones, fijar límites, construir un servicio personal a Dios o, Dios no lo quiera, perder su valor si las incumple.
En nuestros días pocos hacen votos en la práctica, pero el versículo “kejól hayotsé mipív yaasé” (conforme a todo lo que salga de su boca hará) resuena en cada compromiso, en cada promesa, en cada palabra. El mensaje es claro: la palabra no es aire. Quien respalda lo que sale de su boca construye con su habla todo un mundo de confianza.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.