El sol se pone en las llanuras de Moab. El pueblo de Israel está en el umbral de la entrada a la tierra, y entre las leyes del reparto y la herencia la Torá se detiene a hablar justamente de una tribu, una especial: la tribu de Leví.
En la quinta aliá Dios ordena a Moisés otorgar a los levitas ciudades especiales, cuarenta y ocho en total: seis de ellas ciudades de refugio para quienes matan sin intención, y otras cuarenta y dos. Alrededor de cada ciudad se otorga también una franja de tierra, mil codos por cada lado, y junto a ella una medida de dos mil codos en cada dirección.
Estas dos medidas, mil y dos mil, parecen contradecirse. La Guemará en Sotá 27b las concilia y revela en ellas una ley adicional: “mil codos son el ejido, y dos mil codos son el límite del Shabat”. De las medidas del ejido de las ciudades levíticas se deriva el límite del desplazamiento en Shabat para todo Israel.
Los versículos subrayan el principio: cada tribu dará a los levitas de sus ciudades según su tamaño. “me’ét haráv tarbú ume’ét ham’át tam’ítu” (del que tiene más darán más, y del que tiene menos darán menos, Números 35:8). Es una responsabilidad compartida, nacional, de sostener a quienes portan la Torá y el servicio. Los levitas, es cierto, no reciben una porción directa en la tierra, pero justamente por eso echan raíz en el corazón de todas las tribus.
El mensaje de esta aliá es profundo: la sociedad de Israel no es solo un reparto de tierras según necesidades, sino una estructura en la que el espíritu habita dentro de la materia. Una tribu entera sin tierra, para que toda la tierra quede iluminada de santidad. Los levitas recuerdan que el propósito de la tierra no es solo la vivienda o el sustento, sino la morada de la Presencia Divina. Donde hay ciudades para levitas, hay centros de Torá, de servicio a Dios, de moral.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.