Al borde del desierto, a las puertas de la tierra prometida, Moisés detiene al pueblo. No hay aquí batalla ni milagro, sino un discurso. Un discurso largo, personal, cargado de dolor y de esperanza. “éle hadevarím” (Estas son las palabras, Deuteronomio 1:1), las palabras que Moisés pronuncia antes de su muerte. Las últimas palabras de un pastor fiel que no entrará él mismo a la tierra, pero deja en manos del pueblo las herramientas para sobrevivir y prosperar.
Al comienzo de la aliá, la Torá describe el lugar: el desierto, el Arabá, frente a Suf, Parán, Tófel, Labán, Jatserot, Di Zahav, nombres que resuenan con las estaciones del largo viaje, pero también con las caídas: las disputas, la ingratitud, el pecado del becerro. Moisés no comienza con reproches explícitos, sino que recuerda con una insinuación. Un dolor antiguo bulle entre las líneas, no como reprensión sino como amor.
Pero el centro del pasaje es la transición: un tiempo nuevo, un comienzo nuevo. La Torá es precisa con las fechas: “be’arba’ím shaná… be’ejád lajódesh” (en el año cuadragésimo… el primero del mes, Deuteronomio 1:3), el viaje ha llegado a su fin. Tras la conquista de Sijón y Og, Moisés abre la parashá Devarim, que contiene en sí todo su corazón.
Y comienza precisamente con un recordatorio de un mandato del pasado: “rav lajém shévet bahár hazé” (Bastante han permanecido en este monte, Deuteronomio 1:6). El Santo, bendito sea, ordena al pueblo moverse. Avanzar. Subir. No quedarse atascado en un lugar que parece cómodo. El monte es quizás un símbolo de revelación, de estabilidad, de santidad, pero el pueblo es llamado a descender de él, hacia la llanura, hacia la costa, hacia la tierra.
El mensaje interior: incluso cuando llegamos a una etapa en la que nos sentimos seguros o “suficientemente espirituales”, la Torá nos recuerda: el servicio a Dios es movimiento. No quedarse en el monte, sino entrar a la tierra, construir, luchar, crecer. A veces el mayor desafío es dejar lo conocido, y atreverse a ir hacia adelante.
Y por la bondad de Dios, Moisés cierra sus palabras con una bendición: “kejojvéi hashamáyim laróv” (como las estrellas del cielo en multitud, Deuteronomio 1:10), ustedes son muchos, ustedes son luminosos, ustedes son parte del pacto eterno. Solo sigan marchando.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.