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Parashá Ékev - Séptima aliá

· 3 min de lectura
Texto bíblico (Ekev — Aliá 7 de 7)

Lee el texto bíblico e intenta comprenderlo por ti mismo, antes de leer el comentario.

כב כִּי אִם שָׁמֹר תִּשְׁמְרוּן אֶת כָּל הַמִּצְוָה הַזֹּאת אֲשֶׁר אָנֹכִי מְצַוֶּה אֶתְכֶם לַעֲשֹׂתָהּ לְאַהֲבָה אֶת יְדוָד אֱלֹהֵיכֶם לָלֶכֶת בְּכָל דְּרָכָיו וּלְדָבְקָה בוֹ׃
11:22 Ki im shamór tishmerún et kol hamitsvá hazót ashér anojí metsavé etjém la'asotá le'ahavá et Adonai Eloheijém laléjet bejól derajáv uldavká vo
כג וְהוֹרִישׁ יְדוָד אֶת כָּל הַגּוֹיִם הָאֵלֶּה מִלִּפְנֵיכֶם וִירִשְׁתֶּם גּוֹיִם גְּדֹלִים וַעֲצֻמִים מִכֶּם׃
23 Vehorís Adonai et kol hagoyím ha'éle milifneijém virishtém goyím gedolím va'atsumím mikém
כד כָּל הַמָּקוֹם אֲשֶׁר תִּדְרֹךְ כַּף רַגְלְכֶם בּוֹ לָכֶם יִהְיֶה מִן הַמִּדְבָּר וְהַלְּבָנוֹן מִן הַנָּהָר נְהַר פְּרָת וְעַד הַיָּם הָאַחֲרוֹן יִהְיֶה גְּבֻלְכֶם׃
24 Kol hamakóm ashér tidrój kaf raglejém bo lajém yihyé min hamidbár vehaLevanón min hanahár nehár Perát ve'ád hayám ha'ajarón yihyé gevuljém
כה לֹא יִתְיַצֵּב אִישׁ בִּפְנֵיכֶם פַּחְדְּכֶם וּמוֹרַאֲכֶם יִתֵּן יְדוָד אֱלֹהֵיכֶם עַל פְּנֵי כָל הָאָרֶץ אֲשֶׁר תִּדְרְכוּ בָהּ כַּאֲשֶׁר דִּבֶּר לָכֶם׃
25 Lo yityatsév ish bifneijém pajdejém umora'ajém yitén Adonai Eloheijém al pnei jol ha'árets ashér tidrejú va ka'ashér dibér lajém

El final de la parashá pasa del corazón al terreno: lo que ocurre adentro, el amor, el andar y el apego, se vuelve movimiento sobre la tierra. Es una aliá que traduce el espíritu a geografía.

El motor del andar

“Ki im shamór tishmerún et kol hamitsvá hazót” (si de veras cuidan todo este mandamiento, 11:22), y enseguida tres ejes interiores: “le’ahavá et Adonai Eloheijém laléjet bejól derajáv uldavká vo” (amar a Adonai su Dios, andar en todos sus caminos y apegarse a Él, mismo versículo). Rashí llena dos de ellos con contenido práctico. Sobre el andar en sus caminos: “Él es misericordioso y tú serás misericordioso, Él hace actos de bondad y tú harás actos de bondad”. Y sobre el apego agrega una salvedad: “¿es posible decir tal cosa? ¿Acaso no es un fuego consumidor? Más bien, apégate a los alumnos y a los sabios, y yo te lo cuento como si te hubieras apegado a Él” (Rashí sobre Deuteronomio 11:22). Así el espíritu da a luz un recorrido, y no solo una creencia.

Una geografía de la promesa

Desde aquí el efecto se derrama hacia afuera: “Vehorís Adonai et kol hagoyím ha’éle milifneijém virishtém goyím gedolím va’atsumím mikém” (Adonai expulsará a todas estas naciones delante de ustedes, y heredarán naciones más grandes y más poderosas que ustedes, 11:23). Y entonces llega una frase hecha toda de movimiento: “Kol hamakóm ashér tidrój kaf raglejém bo lajém yihyé” (todo lugar que pise la planta de su pie será de ustedes, 11:24). La planta del pie se vuelve un instrumento del pacto, y cada paso queda cargado de sentido. Hasta las líneas del límite se entregan en lenguaje de andar: “min hamidbár vehaLevanón min hanahár nehár Perát ve’ád hayám ha’ajarón yihyé gevuljém” (desde el desierto y el Líbano, desde el río, el río Éufrates, y hasta el mar occidental será su frontera, mismo versículo). El desierto, el Líbano y el Éufrates son los puntos de partida, y el mar occidental es el extremo al que se llega.

La inversión del miedo

Al comienzo de la segunda aliá de esta parashá había una pregunta asustada: “mi yityatsév lifnéi bnei anák” (¿quién puede estar de pie ante los hijos de Anac?, 9:2). Aquí la misma raíz vuelve invertida: “Lo yityatsév ish bifneijém pajdejém umora’ajém yitén Adonai Eloheijém al pnei jol ha’árets ashér tidrejú va” (nadie estará de pie ante ustedes, Adonai su Dios pondrá el pavor y el temor de ustedes sobre toda la tierra que pisen, 11:25). Rashí distingue entre los dos términos: “el pavor de ustedes sobre los que están cerca y el temor de ustedes sobre los que están lejos; el pavor es un término de sobresalto repentino, el temor es un término de inquietud durante muchos días” (Rashí sobre Deuteronomio 11:25). Cuando el corazón está apegado, la tierra se abre. No por una fuerza sin límite, sino por un orden interior correcto.

La afinación del corazón ensancha una frontera. Cuando el amor, el andar y el apego funcionan juntos, cada paso pequeño recibe un espacio grande.

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