La aliá se abre con la oración conmovedora de Moisés, “Va’etjanán el Adonai” (Supliqué a Adonai, Deuteronomio 3:23). Moisés pide permiso para cruzar el Jordán y ver con sus propios ojos la buena tierra, el buen monte y el Líbano. El pedido no es concedido. Dios le dice que suba a la cima del Pisgá y mire, pero no cruzará.
Moisés recibe la orden de fortalecer y animar a Josué, porque él es quien conducirá al pueblo y le dará la tierra en herencia.
Luego Moisés se dirige al pueblo de Israel y comienza el discurso central del libro de Deuteronomio: “Ve’atá Yisra’él shemá el hajukím ve’él hamishpatím” (Y ahora, Israel, escucha los estatutos y las leyes, Deuteronomio 4:1). Establece un principio fundamental: no añadir a los mandamientos de Dios ni quitar de ellos. Moisés les recuerda lo ocurrido en Baal Peor, donde quien se desvió tras la idolatría fue destruido, mientras que quien se mantuvo unido a Dios siguió con vida.
Moisés enseña aquí dos grandes fundamentos. El primero, aceptar los límites: incluso Moisés, el maestro de los profetas, supo detenerse cuando escuchó “rav laj” (basta para ti, Deuteronomio 3:26). Hay momentos en los que la sabiduría es aceptar la voluntad de Dios, aun cuando el corazón desea otra cosa. El segundo, la fidelidad: quien se aferra a la verdad y a la pureza, quien permanece fiel a sus valores incluso en los momentos de prueba, merece vida y bendición, “Ve’atém hadvekím b’Adonai Eloheijém jáyim kuljém hayóm” (Pero ustedes, que permanecen unidos a Adonai su Dios, están todos vivos hoy, Deuteronomio 4:4).
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.