Parashá Bereshit - Sexta Aliá
Lee el texto bíblico e intenta comprenderlo por ti mismo, antes de leer el comentario.
Lamec entona un canto áspero sobre venganza y protección, y luego el relato vuelve a la casa de Adán y Eva: “Shet… ki shat li elohím zerá ajér tájat Hével” (Set… porque Dios me ha puesto otra descendencia en lugar de Abel, Génesis 4:25), y de la nueva línea saldrá “Enósh” (Enós) y la misteriosa discusión sobre “az hujál likró beshém Adonai” (entonces se comenzó a invocar el nombre de Adonai, Génesis 4:26). Después la sexta aliá abre un libro de familias: “ze séfer toldót adám” (Este es el libro de las generaciones de Adán, Génesis 5:1). La humanidad se describe no como páginas sueltas sino como un libro continuo, que empieza con el fundamento teológico: “bidmút elohím asá otó” (a semejanza de Dios lo hizo, Génesis 5:1), “zajár unekevá bera’ám… vayikrá et shemám adám” (varón y hembra los creó… y llamó su nombre Adán, Génesis 5:2). De allí la Torá pasa al ritmo de la genealogía: nacimientos, años de vida, “vayóled bidmutó ketsalmó” (y engendró a su semejanza, conforme a su imagen) en Set (Génesis 5:3), y luego una y otra vez “vayamót” (y murió). Dentro de ese ritmo resuena una excepción conmovedora: “vayit’haléj Janój et ha’Elohím… ve’einénu ki lakáj otó elohím” (Y Enoc caminó con Dios… y ya no estuvo, porque Dios se lo llevó, Génesis 5:22, 24).
Ideas que abren los ojos
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El canto de Lamec, dos lecturas opuestas: sus palabras “Adá veTsilá shemá’an kolí… ki ish haragtí lefits’í” (Ada y Zila, oigan mi voz… porque a un hombre maté por mi herida, Génesis 4:23) y “veLémej shiv’ím veshiv’á” (y Lamec setenta y siete, Génesis 4:24) se leen de dos maneras. Según una lectura es un canto de orgullo: Lamec se jacta de haber matado, y declara que su venganza será mayor que la de Caín. Según esta lectura el canto es un antisalmo frente a la ofrenda de Abel: en lugar de una ofrenda de lo mejor hay jactancia en la fuerza, y la cultura sin ética se desliza hacia la violencia. Rashí (sobre 4:23-24) lo lee al revés: Lamec mató sin intención, sus mujeres se apartaron de él, y él las apacigua. Si a Caín, que mató con intención, se le dio una prórroga de siete generaciones, con mayor razón a él.
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Reparación de la línea de sangre: el nacimiento de Set se presenta como un nuevo comienzo, “ki shat li elohím zerá ajér” (porque Dios me ha puesto otra descendencia, Génesis 4:25). En lugar de una cultura de venganza crece una línea que invita a construir la invocación del nombre de Dios.
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“az hujál likró beshém Adonai” (entonces se comenzó a invocar el nombre de Adonai, Génesis 4:26): dos caminos conocidos en los comentarios. Algunos ven aquí el comienzo de la oración pública y de la invocación del nombre de Dios (Ibn Ezra, Sforno), y otros ven un lenguaje de profanación, que comenzaron a llamar a seres humanos o a ídolos con el nombre de Dios (Rashí). Las dos lecturas plantean una encrucijada: si la cultura se eleva a un culto puro o se desliza hacia un cambio de valores.
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Un libro y no un cuento: la apertura “ze séfer toldót adám” (Este es el libro de las generaciones de Adán, Génesis 5:1) dibuja la historia humana como un texto escrito. Cada generación tiene una línea en el libro, y nuestra responsabilidad es cómo se verá el próximo párrafo.
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Semejanza e imagen en continuidad: del primer hombre se dice “bidmút elohím” (a semejanza de Dios, Génesis 5:1), y de su hijo Set “vayóled bidmutó ketsalmó” (y engendró a su semejanza, conforme a su imagen, Génesis 5:3). La imagen de Dios pasa por la cadena familiar, pero también hace falta un esfuerzo educativo para hacerla brillar en cada generación.
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Un nombre para dos: “vayikrá et shemám adám” (y llamó su nombre Adán) el día en que fueron creados (Génesis 5:2). Es una alusión a la unidad fundamental del hombre y la mujer y a la dignidad compartida que recibieron ya en el momento de la creación.
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El ritmo gris de “vayamót” (y murió): el capítulo suena como un estribillo de una vida larguísima que termina en un final. El énfasis literario enseña la centralidad de la muerte en el recorrido histórico, hasta que aparece una excepción que ilumina la página.
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Enoc como línea de luz: dos veces se dice “vayit’haléj Janój et ha’Elohím” (Y Enoc caminó con Dios, Génesis 5:22, 24) y enseguida “ve’einénu ki lakáj otó elohím” (y ya no estuvo, porque Dios se lo llevó, Génesis 5:24). Caminar con Dios cambia la relación con el tiempo y con el final. Dentro de la secuencia de “vayamót” (y murió) crece una posibilidad de cercanía que convierte la firma de una biografía en un signo de ascenso. Rashí (sobre 5:24) lo lee de otro modo: Enoc era justo pero podía volver a la maldad, y por eso fue llevado antes de su tiempo.
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Un patrón que mira hacia adelante: en cada eslabón vuelve la crónica “vayóled baním uvanót” (y engendró hijos e hijas), junto a largos años de vida. La Torá dibuja una conciencia de cadena, en la que la grandeza de una vida no está solo en el número de años sino en la capacidad de transmitir la semejanza y la imagen a la generación siguiente.
Entre el canto de Lamec y la invocación del nombre de Dios está la elección de convertir el talento en una herramienta de construcción o en un arma.
La sexta aliá parece calmar con listas y años, pero quien escucha el ritmo descubre una sinfonía delicada: entre “vayamót” (y murió) y “vayit’haléj” (y caminó) se escribe nuestro libro. La pregunta no es solo cuántos años viviremos, sino cómo caminaremos.
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