Parashá Ékev - Primera Aliá
Lee el texto bíblico e intenta comprenderlo por ti mismo, antes de leer el comentario.
La aliá de hoy se abre con una promesa que apunta directo al corazón del pacto: “Vehayá ékev tishme’ún et hamishpatím ha’éle… veshamár Adonai Elohéja lejá et habrít ve’et hajeséd” (Y sucederá, porque escuchan estas leyes… Adonai tu Dios guardará para ti el pacto y la bondad, Deuteronomio 7:12). El pacto no es un lema, es una relación. Escuchar da lugar al amor y a la abundancia: “Va’ahevjá uverajá vehirbejá” (Él te amará, te bendecirá y te multiplicará, versículo 13), hasta el nivel de “Barúj tihyé mikól ha’amím” (Serás bendecido más que todos los pueblos, versículo 14).
Pero la abundancia misma es una prueba. Exige una dirección exacta del corazón, para que no caigamos en la trampa del poder ni en la seducción de los ídolos. Por eso la Torá coloca dos contrapesos.
1) Valor frente al miedo: recordar quién camina con nosotros
El miedo ante los desafíos es natural: “Ki tomár bilvavjá rabím hagoyím ha’éle miméni” (Si dices en tu corazón, estas naciones son más numerosas que yo, versículo 17). La respuesta no es la represión sino la memoria activa: “Lo tirá mehém zajór tizkór et ashér asá Adonai Elohéja leFar’ó” (No les temas, recuerda bien lo que Adonai tu Dios hizo al faraón, versículo 18). El valor nace de una historia de bondad. Y no estamos solos: “ki Adonai Elohéja bekirbejá El gadól venorá” (porque Adonai tu Dios está en medio de ti, Dios grande y temible, versículo 21).
2) El ritmo justo: vencer “me’át me’át”
“Venashál Adonai Elohéja et hagoyím ha’él… me’át me’át” (Adonai tu Dios apartará a estas naciones de delante de ti poco a poco, versículo 22). No toda reparación llega de un solo golpe. A veces la paciencia, y no la rapidez, es la que vence, y protege de aquello que la Torá advierte en ese mismo versículo: “pen tirbé aléja jayát hasadé” (no sea que las bestias del campo se multipliquen contra ti). La vida espiritual pide victorias pequeñas y constantes.
El desierto como maestro: una dependencia que educa
Para que no nos equivoquemos y pensemos que la abundancia es obra nuestra, la Torá nos devuelve al desierto: “Vezajartá et kol hadérej… lema’án anotjá lenasotjá” (Y recordarás todo el camino… para humillarte y ponerte a prueba, 8:2). Y allí recibimos una frase fundamental para una vida equilibrada: “ki lo al haléjem levadó yijyé ha’adám ki al kol motsá fi Adonai yijyé ha’adám” (que la persona no vive solo de pan, sino de todo lo que sale de la boca de Adonai, 8:3). Hasta la vestimenta y el pie lo cuentan, “Simlatjá lo valtá… veraglejá lo vatseká” (Tu ropa no se desgastó… y tu pie no se hinchó, 8:4), para que lo interioricemos: detrás de la naturaleza hay una providencia que educa, “ka’ashér yeyasér ish et benó” (como un hombre corrige a su hijo, 8:5).
La buena tierra: abundancia que invita a agradecer
Ante nosotros se extiende la tierra como un jardín lleno de tesoros, “Érets jitá us’orá… érets zéit shémen udvásh” (Tierra de trigo y cebada… tierra de aceite de oliva y miel, 8:8). Pero la cumbre de la aliá es un versículo breve que ordena toda la jerarquía: “Ve’ajaltá vesava’tá uverájta et Adonai Elohéja al ha’árets hatová ashér natán laj” (Y comerás y te saciarás y bendecirás a Adonai tu Dios por la buena tierra que te ha dado, 8:10). Primero comer, después saciarse, y de ahí, bendecir. Ese es el orden que protege del olvido.
Una práctica diaria a partir de esta aliá
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El desafío de “me’át me’át”: elegir un ámbito pequeño de servicio, un minuto de agradecimiento después de comer, o recordar algo bueno de una sola persona, y sostenerlo con constancia durante toda la semana.
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Un ejercicio de memoria: escribir hoy una historia personal breve en la que recibimos nuestro propio maná, un momento en que algo inesperado llegó justo a tiempo. Leerla en voz alta en casa.
La primera aliá de Ekev nos recuerda: la abundancia no es una meta, es una plataforma para una vida de memoria, humildad y avance al ritmo justo. Quien educa su corazón para recordar sabe también bendecir.