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Parashá Ékev - Segunda Aliá

· 4 min de lectura
Texto bíblico (Ekev — Aliá 2 de 7)

Lee el texto bíblico e intenta comprenderlo por ti mismo, antes de leer el comentario.

יא הִשָּׁמֶר לְךָ פֶּן תִּשְׁכַּח אֶת יְדוָד אֱלֹהֶיךָ לְבִלְתִּי שְׁמֹר מִצְוֹתָיו וּמִשְׁפָּטָיו וְחֻקֹּתָיו אֲשֶׁר אָנֹכִי מְצַוְּךָ הַיּוֹם׃
8:11 Hishamér lejá pen tishkáj et Adonai Elohéja leviltí shemór mitsvotáv umishpatáv vejukotáv ashér anojí metsavejá hayóm
יב פֶּן תֹּאכַל וְשָׂבָעְתָּ וּבָתִּים טוֹבִים תִּבְנֶה וְיָשָׁבְתָּ׃
12 Pen tojal vesava'tá Uvatím tovím tivné veyashavtá
יג וּבְקָרְךָ וְצֹאנְךָ יִרְבְּיֻן וְכֶסֶף וְזָהָב יִרְבֶּה לָּךְ וְכֹל אֲשֶׁר לְךָ יִרְבֶּה׃
13 Uvkárja vetsonjá yirbeyún Vejésef vezaháv yirbé laj vejól ashér lejá yirbé
יד וְרָם לְבָבֶךָ וְשָׁכַחְתָּ אֶת יְדוָד אֱלֹהֶיךָ הַמּוֹצִיאֲךָ מֵאֶרֶץ מִצְרַיִם מִבֵּית עֲבָדִים׃
14 Verám levavejá veshajajtá et Adonai Elohéja hamotsi'ajá me'érets Mitsráyim mibéit avadím
טו הַמּוֹלִיכֲךָ בַּמִּדְבָּר הַגָּדֹל וְהַנּוֹרָא נָחָשׁ שָׂרָף וְעַקְרָב וְצִמָּאוֹן אֲשֶׁר אֵין מָיִם הַמּוֹצִיא לְךָ מַיִם מִצּוּר הַחַלָּמִישׁ׃
15 Hamolijajá bamidbár hagadól vehanorá najásh saráf ve'akráv vetsima'ón ashér ein máyim hamotsí lejá máyim mitsúr hajalamís
טז הַמַּאֲכִלְךָ מָן בַּמִּדְבָּר אֲשֶׁר לֹא יָדְעוּן אֲבֹתֶיךָ לְמַעַן עַנֹּתְךָ וּלְמַעַן נַסֹּתֶךָ לְהֵיטִבְךָ בְּאַחֲרִיתֶךָ׃
16 Hama'ajiljá man bamidbár ashér lo yad'ún avotéja lema'án anotjá ulma'án nasotejá leheitivjá be'ajaritejá
יז וְאָמַרְתָּ בִּלְבָבֶךָ כֹּחִי וְעֹצֶם יָדִי עָשָׂה לִי אֶת הַחַיִל הַזֶּה׃
17 Ve'amartá bilvavéja kojí ve'ótsem yadí asá li et hajáyil hazé
יח וְזָכַרְתָּ אֶת יְדוָד אֱלֹהֶיךָ כִּי הוּא הַנֹּתֵן לְךָ כֹּחַ לַעֲשׂוֹת חָיִל לְמַעַן הָקִים אֶת בְּרִיתוֹ אֲשֶׁר נִשְׁבַּע לַאֲבֹתֶיךָ כַּיּוֹם הַזֶּה׃
18 Vezajartá et Adonai Elohéja ki hu hanotén lejá kó'aj la'asót jáyil lema'án hakím et beritó ashér nishbá la'avotejá kayóm hazé
יט וְהָיָה אִם שָׁכֹחַ תִּשְׁכַּח אֶת יְדוָד אֱלֹהֶיךָ וְהָלַכְתָּ אַחֲרֵי אֱלֹהִים אֲחֵרִים וַעֲבַדְתָּם וְהִשְׁתַּחֲוִיתָ לָהֶם הַעִדֹתִי בָכֶם הַיּוֹם כִּי אָבֹד תֹּאבֵדוּן׃
19 Vehayá im shajóaj tishkáj et Adonai Elohéja vehalájta ajaréi Elohím ajerím va'avadtám vehishtajavitá lahém Ha'idotí vajém hayóm ki avód tovedún
כ כַּגּוֹיִם אֲשֶׁר יְדוָד מַאֲבִיד מִפְּנֵיכֶם כֵּן תֹאבֵדוּן עֵקֶב לֹא תִשְׁמְעוּן בְּקוֹל יְדוָד אֱלֹהֵיכֶם׃
20 Kagoyím ashér Adonai ma'avíd mipneijém ken tovedún ékev lo tishme'ún bekól Adonai Eloheijém
ט א שְׁמַע יִשְׂרָאֵל אַתָּה עֹבֵר הַיּוֹם אֶת הַיַּרְדֵּן לָבֹא לָרֶשֶׁת גּוֹיִם גְּדֹלִים וַעֲצֻמִים מִמֶּךָּ עָרִים גְּדֹלֹת וּבְצֻרֹת בַּשָּׁמָיִם׃
9:1 Shemá Yisra'él atá ovér hayóm et haYardén lavó laréshet goyím gedolím va'atsumím miméka arím gedolót uvtsurót bashamáyim
ב עַם גָּדוֹל וָרָם בְּנֵי עֲנָקִים אֲשֶׁר אַתָּה יָדַעְתָּ וְאַתָּה שָׁמַעְתָּ מִי יִתְיַצֵּב לִפְנֵי בְּנֵי עֲנָק׃
2 Am gadól varám bnei Anakím ashér atá yadáta ve'atá shamá'ta mi yityatsév lifnéi bnei anák
ג וְיָדַעְתָּ הַיּוֹם כִּי יְדוָד אֱלֹהֶיךָ הוּא הָעֹבֵר לְפָנֶיךָ אֵשׁ אֹכְלָה הוּא יַשְׁמִידֵם וְהוּא יַכְנִיעֵם לְפָנֶיךָ וְהוֹרַשְׁתָּם וְהַאַבַדְתָּם מַהֵר כַּאֲשֶׁר דִּבֶּר יְדוָד לָךְ׃
3 Veyada'tá hayóm ki Adonai Elohéja hu ha'ovér lefanéja esh ojlá hu yashmidém vehú yajni'ém lefanéja vehorashtám veha'avadtám mahér ka'ashér dibér Adonai laj

Hay pasajes en la Torá que suenan como una alarma silenciosa. La segunda aliá de Ékev se abre con una palabra que vuelve y golpea la puerta del corazón: “Hishamér lejá pen tishkáj et Adonai Elohéja” (Cuídate de no olvidar a Adonai tu Dios, 8:11), y enseguida “Pen tojal vesava’tá” (no sea que comas y te sacies, 8:12). No sea que. Es un viaje interior en el que la memoria se convierte en la defensa más importante de la persona frente a la gran bendición que le toca en suerte. Esta aliá coloca un espejo: qué le pasa al corazón cuando se construyen casas, se multiplica el ganado, se acumulan plata y oro, y todo parece acomodarse solo. Esos momentos no son menos peligrosos que el desierto, quizás lo son más.

El texto describe una pendiente resbaladiza que empieza en la comodidad y termina en el olvido. La progresión es nítida: saciedad, construcción, aumento de rebaños y bienes, y después “Verám levavejá veshajajtá et Adonai Elohéja” (y se enaltece tu corazón y olvidas a Adonai tu Dios, 8:14). Olvidar a quien los sacó de Egipto y los acompañó en el desierto, sacó agua de la roca y les dio de comer maná. Es una lección profunda sobre la psicología de la abundancia: no es la falta de bondad lo que amenaza el vínculo, sino el exceso de bondades cuando no se decantan en agradecimiento y memoria. Ver Deuteronomio 8:11-16.

Y enfrente, el desierto se levanta de la memoria como un maestro veterano. Serpiente abrasadora y escorpión, sed, agua que brota del pedernal, pan celestial que aparece día tras día. Cada detalle del desierto es lo contrario de un corazón olvidadizo: en lugar de sensación de control, dependencia diaria; en lugar de rutina, sorpresa constante; en lugar de acumulación, una porción diaria. El desierto educa para reconocer que detrás de las leyes de la naturaleza hay una mano que enseña, “lema’án anotjá ulma’án nasotejá leheitivjá be’ajaritejá” (para humillarte y ponerte a prueba, para hacerte bien en tu final, 8:16).

La cumbre del desafío aparece en ese pensamiento que se filtra en silencio cuando todo prospera. La aliá presenta la frase interior que sabotea el pacto, y enseguida la respuesta exacta. La frase: “kojí ve’ótsem yadí asá li et hajáyil hazé” (Mi fuerza y el poder de mi mano me hicieron esta riqueza, 8:17). La respuesta: “Vezajartá et Adonai Elohéja ki hu hanotén lejá kó’aj la’asót jáyil” (Y recordarás a Adonai tu Dios, porque Él es quien te da fuerza para hacer riqueza, 8:18), y todo ello “lema’án hakím et beritó ashér nishbá la’avotejá” (para establecer su pacto que juró a tus padres, mismo versículo). La memoria aquí no es nostalgia sino un acto espiritual que sitúa el talento, el esfuerzo y los logros dentro de un pacto mayor que ellos.

Desde ahí la aliá corta con dureza hacia la advertencia nacional: si el olvido se convierte en forma de vida, el resultado es la pérdida. No es una sentencia moral teórica, sino la descripción de una ley espiritual en la historia: cuando el pacto se abandona por otros dioses, también se desmorona la existencia nacional. El texto señala un patrón que ocurre ante sus ojos con otros pueblos, y que puede repetirse si la voz interior del pacto queda relegada. Ver Deuteronomio 8:19-20.

Y de inmediato cambia el paisaje: el Jordán delante de ellos, y más allá pueblos grandes, ciudades fortificadas e hijos de Anac. La promesa y el temor se encuentran. El mensaje es claro: el camino no depende solo de la fuerza humana, “hu ha’ovér lefanéja esh ojlá” (Él es quien cruza delante de ti, fuego consumidor, 9:3). Y justamente ese saber debe equilibrar el corazón para que no se pierda cuando llegue la victoria. Es una lección doble: no temer antes, y no envanecerse después.

Esta aliá se puede leer como un diagrama de flujo para una vida sana en la abundancia:

  • La bendición lleva a la saciedad, y la saciedad obliga a bendecir de vuelta. Si eso no ocurre, el corazón se enaltece y olvida.

  • La memoria no es un añadido cortés, es un muro de defensa. Alimenta la humildad y conecta el éxito con un contexto de misión y de pacto.

  • Incluso en la conquista y la victoria, la historia no termina en el ser humano. Quien cruza delante del campamento no es nuestra propia fuerza, y por eso tampoco la victoria es propiedad privada.

La segunda aliá de Ékev no nos pide temer la prosperidad, sino administrarla con fidelidad. Olvidar es fácil, recordar es un arte. Cuando anotemos al final del día los logros, pongamos junto a ellos también la memoria del camino, y así construiremos una bendición que no encandila sino que ilumina.

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