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Parashat Kedoshim - Séptima Aliá

· 2 min de lectura
Texto bíblico (Kedoshim — Aliá 7 de 7)

Lee el texto bíblico e intenta comprenderlo por ti mismo, antes de leer el comentario.

כג וְלֹא תֵלְכוּ בְּחֻקֹּת הַגּוֹי אֲשֶׁר אֲנִי מְשַׁלֵּחַ מִפְּנֵיכֶם כִּי אֶת כָּל אֵלֶּה עָשׂוּ וָאָקֻץ בָּם׃
20:23 Veló telejú bejukót hagóy asher aní meshalé'aj mipneijém ki et kol éle asú va'akúts bam
כד וָאֹמַר לָכֶם אַתֶּם תִּירְשׁוּ אֶת אַדְמָתָם וַאֲנִי אֶתְּנֶנָּה לָכֶם לָרֶשֶׁת אֹתָהּ אֶרֶץ זָבַת חָלָב וּדְבָשׁ אֲנִי יְדוָד אֱלֹהֵיכֶם אֲשֶׁר הִבְדַּלְתִּי אֶתְכֶם מִן הָעַמִּים׃
24 Va'omár lajém atém tirshú et admatám va'aní etnená lajém lareshet otá érets zavát jaláv udvásh aní Adonai elohéijem asher hivdaltí etjém min ha'amím
כה וְהִבְדַּלְתֶּם בֵּין הַבְּהֵמָה הַטְּהֹרָה לַטְּמֵאָה וּבֵין הָעוֹף הַטָּמֵא לַטָּהֹר וְלֹא תְשַׁקְּצוּ אֶת נַפְשֹׁתֵיכֶם בַּבְּהֵמָה וּבָעוֹף וּבְכֹל אֲשֶׁר תִּרְמֹשׂ הָאֲדָמָה אֲשֶׁר הִבְדַּלְתִּי לָכֶם לְטַמֵּא׃
25 Vehivdaltém béin habehemá hatehorá latme'á uvéin ha'of hatamé latahór veló teshakitsú et nafshotéijem babehemá uva'óf uvjól asher tirmós ha'adamá asher hivdaltí lajém letamé
כו וִהְיִיתֶם לִי קְדֹשִׁים כִּי קָדוֹשׁ אֲנִי יְדוָד וָאַבְדִּל אֶתְכֶם מִן הָעַמִּים לִהְיוֹת לִי׃
26 Viheyitém li kedoshím ki kadósh aní Adonai va'avdíl etjém min ha'amím lihyót li
כז וְאִישׁ אוֹ אִשָּׁה כִּי יִהְיֶה בָהֶם אוֹב אוֹ יִדְּעֹנִי מוֹת יוּמָתוּ בָּאֶבֶן יִרְגְּמוּ אֹתָם דְּמֵיהֶם בָּם׃
27 Ve'ísh o ishá ki yihyé vahém ov o yid'oní mot yumátu ba'éven yirguemú otám demeihém bam

En esta aliá la Torá cierra Parashat Kedoshim con un llamado decisivo a una identidad judía distinta y separada. Ya no más imitación ciega de otras culturas, sino un mensaje claro: “Veló telejú bejukót hagóy” (No andaréis en las costumbres de las naciones, versículo 23).

Identidad Judía: No Diluirse Entre los Pueblos

El mandamiento no es sólo una advertencia contra la idolatría, sino un llamado a la singularidad espiritual y cultural. Rashi (Levítico 18:3), sobre la misma idea de “Uvejukotehém lo telejú” (Y en sus estatutos no andaréis), explica con agudeza: “Estos son sus costumbres, cosas que se han convertido en prácticas grabadas para ellos, como teatros y estadios.” Es decir, no imitar el modo de vida y el entretenimiento de la cultura gentil. Esta es la raíz de la separación entre el pueblo de Israel y los demás pueblos.

La Santidad como Elección Consciente

La Torá continúa y profundiza: “Va’omár lajém atém tirshú et admatám… aní Adonai elohéijem asher hivdaltí etjém min ha’amím” (Y os dije, vosotros heredaréis su tierra… Yo soy Hashem vuestro Dios que os ha separado de los pueblos, versículo 24). Una y otra vez, la idea central: separación. Tal como hay una distinción entre lo impuro y lo puro, entre lo permitido y lo prohibido, entre la carne y la leche, así también hay una distinción esencial en la identidad espiritual del pueblo de Israel.

Rashi (Levítico 20:26) sobre “Va’avdíl etjém min ha’amím lihyót li” (Y os separé de los pueblos para ser Míos) lo resume con agudeza: “Si estáis separados de ellos, he aquí que sois Míos; y si no, he aquí que sois de Nabucodonosor y sus compañeros.” Es decir, la separación no es sólo un asunto religioso, sino la esencia misma de la identidad. O bien una persona pertenece al Santo, o bien es arrastrada por el poder de “Nabucodonosor y sus compañeros”, el símbolo de las culturas extranjeras a lo largo de las generaciones.

Una Conclusión Aguda: La Advertencia Contra Ov y Yid’oní

La parashá termina con la grave transgresión de ov y yid’oní: dedicación a la hechicería, comunicación con espíritus, o intento de descubrir el futuro por medios prohibidos. La Torá ve en esto un intento de eludir la providencia divina y usar fuerzas de impureza. “Mot yumátu… demeihém bam” (Serán muertos… su sangre sobre ellos, versículo 27), se dice, y no hay compromiso al respecto.

Una Reflexión

En nuestro mundo de hoy, cuando la cultura general atrae y confunde, esta aliá nos llama a abrazar la separación no como un margen duro, sino como una corona de identidad. Precisamente la distinción, la diferencia y la santidad, son las que producen el valor judío. La separación no es separación para la arrogancia, sino para la responsabilidad.

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