23vayimáj et kol hayekúm ashér al pnéi ha'adamá me'adám ad behemá ad rémes ve'ád of hashamáyim vayimajú min ha'árets vayishaér aj Nóaj va'ashér itó batevá
Las cimas de los montes ya se ven, pero la paloma todavía no encuentra dónde descansar. El arca ha quedado en reposo, pero Noé no sale. El diluvio retrocede poco a poco, y la Torá se detiene precisamente en la distancia entre la primera señal de cambio y la posibilidad de volver a empezar.
La salvación no termina dentro del arca
El punto de inflexión llega al comienzo del capítulo 8:
vayizkór Elohim et Nóaj ve’ét kol hajayá ve’et kol habehemá ashér itó batevá vayaavér Elohim rúaj al ha’árets vayashokú hamáyim
Traducción: Dios se acordó de Noé y de todos los animales silvestres y domésticos que estaban con él en el arca. Dios hizo pasar un viento sobre la tierra, y las aguas se calmaron.
¿Por qué este recuerdo incluye también a los animales?
Rambán distingue entre Noé y los animales. Noé es recordado por su rectitud y por el pacto establecido con él. El recuerdo de los animales está relacionado con el deseo de Dios de que perduren el mundo y las especies que creó. Por eso deben salir del arca, para no perecer dentro de ella. Rambán sobre Génesis 8:1
Según esta interpretación, conservar la vida dentro del arca es solo una parte de la salvación. También hay que permitir que continúe en el mundo. El lugar que los protegió durante el diluvio no puede ser su hogar para siempre.
¿Qué descubre la paloma que Noé no puede ver?
Después de que el arca queda en reposo y aparecen las cimas de los montes, Noé envía a la paloma para comprobar si las aguas han disminuido. Ella regresa:
veló matse’á hayonáh manóaj lejáf raglá vatashóv eláv el hatevá ki máyim al pnéi jol ha’árets vayishláj yadó vayikajéha vayavé otáh eláv el hatevá
Traducción: La paloma no encontró dónde posar la planta de su pie y volvió a él, al arca, porque había agua sobre toda la superficie de la tierra. Él extendió la mano, la tomó y la hizo entrar consigo en el arca.
Pero si los montes ya han quedado al descubierto, ¿por qué no tiene dónde descansar?
Sforno explica que incluso las cimas visibles seguían muy húmedas, de modo que tampoco allí la paloma encontraba dónde posar la planta de su pie. Sforno sobre Génesis 8:9
Su distinción da sentido a ese pequeño detalle: una tierra que se ve no es necesariamente una tierra en la que se puede descansar. La paloma comprueba lo que la sola visión de los montes no permite saber.
Y cuando regresa, Noé extiende la mano y la hace entrar. En un relato de destrucción tan extensa, la Torá se detiene en un gesto hacia una criatura que no ha encontrado lugar afuera.
Una pequeña hoja, dos significados
Siete días después, la paloma vuelve a ser enviada:
Traducción: La paloma llegó a él al atardecer, con una hoja de olivo recién arrancada en el pico. Noé supo que las aguas habían disminuido sobre la tierra.
En el sentido literal, la hoja permite a Noé saber que las aguas han disminuido. Rambán deduce de ella, en su lectura literal, que el diluvio no arrancó los árboles: la paloma encontró una hoja de un árbol que había permanecido afuera. Rambán sobre Génesis 8:11
Rashí cita un midrash que da a la hoja de olivo otro significado: preferir alimento amargo de la mano de Dios a alimento dulce que dependa de los seres humanos. Rashí sobre Génesis 8:11
Así, el mismo detalle admite dos lecturas: un indicio del estado del mundo exterior y una señal de lo que significa vivir fuera del amparo de una persona.
Antes de la salida
La siguiente vez, la paloma no regresa. Puede verse como el momento en que quien recibió refugio ya no necesita volver a él. Noé, en cambio, permanece incluso después de haber visto que la superficie del suelo se había secado.
La aliá termina antes de la salida. El diluvio ha pasado, pero la historia de la salvación todavía no está completa: las vidas conservadas en el arca deben encontrar ahora su lugar en el mundo que viene después.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.