26Vayeljú vayavó'u el Moshé ve'él Aharón ve'él kol adát bnéi Yisra'él el midbár Parán kadeshá vayashívu otám davár ve'ét kol ha'edá vayar'úm et pri ha'áretz
7Vayomrú el kol adát bnei Yisra'él lemór ha'áretz ashér avárnu va latúr otá tová ha'áretz me'ód me'ód
Los espías salen a una misión de exploración desde el desierto hasta la entrada de Jamat. Llegan hasta Jevrón, donde habitan los hijos del Anak: Ajimán, Sheshái y Talmái. Al regreso traen un racimo de uvas tan pesado que dos hombres deben cargarlo en un palo, junto con granadas e higos.
Regresan al cabo de cuarenta días y entregan su informe: la tierra es en verdad “zavát jaláv udvásh” (que mana leche y miel), pero “éfes ki az ha’ám” (sin embargo, el pueblo es fuerte), las ciudades están fortificadas, y los hijos del Anak están allí. Cierran con una imagen sombría:
“Vanehí ve’einéinu kajagavím vején hayínu be’einehém” (Y éramos a nuestros propios ojos como saltamontes, y así éramos a sus ojos)
(Bamidbar 13:33)
El pueblo llora, se rebela y alega: hubiera sido mejor morir en Egipto. Proponen volver allí. Solo Calev y Yehoshúa rasgan sus vestiduras e imploran:
“Tová ha’áretz me’ód me’ód” (La tierra es muy, muy buena)
(Bamidbar 14:7)
De “Éfes” a “Aló na’alé”
Hay momentos en que la realidad de veras se ve dura. Los espías no mintieron. La tierra era fuerte, los hombres eran grandes, las ciudades estaban fortificadas. Pero su pecado no estaba en el informe, sino en la interpretación. Insertaron esa única palabra, “éfes” (sin embargo), que anula todo.
No es lo que vieron, sino cómo lo vieron.
En lugar de decir “hay desafíos, pero los superaremos”, dijeron “es imposible”. En lugar de decir “podemos”, dijeron “somos saltamontes”.
Calev, frente a ellos, se alza y declara:
“Aló na’alé veyarashnú otá ki yajól nujál la” (Subamos sin demora y poseámosla, porque ciertamente podemos con ella)
(Bamidbar 13:30)
Estas palabras son un muro espiritual de defensa para toda generación.
Frente a las amenazas de hoy
También en estos días, cuando se alzan ante nosotros grandes amenazas desde Irán, desde Gaza, desde el norte y desde dentro, debemos cuidarnos de un “comité de espías” interno que trae informes duros pero les añade la palabra “éfes”.
La verdadera prueba no es ver una realidad color de rosa, sino saber que aun frente a una amenaza real, está en nuestro poder vencer.
No porque seamos más fuertes, sino porque tenemos razón, porque esta tierra es nuestra, y porque cuando creemos en el camino, hasta los saltamontes pueden convertirse en gigantes.
El versículo de Calev, “yajól nujál la” (ciertamente podemos con ella), es una respuesta eterna a todo miedo.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.