El ambiente está cargado. La columna de nube aún reposa sobre el campamento, pero el corazón está pesado tras el pecado de los espías y el decreto de los cuarenta años. En medio de todo esto, la séptima aliá despliega todo el espectro humano: del error de buena fe al pecado deliberado, de la profanación del Shabat al tzitzit.
Se abre con la ley: “Ve’ím néfesh aját tejetá vishgagá” (Si una persona peca por error, Números 15:27). Quien yerra tiene reparación: ofrenda, expiación, perdón. Pero quien peca “con mano alzada” - “hikarét tikarét hanéfesh hahí” (esa alma será cortada, versículo 31). Rambam en la Guía de los Perplejos (III:41) lo explica: es quien peca en público y con descaro, no por un deseo pasajero sino por desafío abierto contra la Torá. Inmediatamente después llega el recolector de leña en Shabat, y el veredicto es tajante: “mot yumát” (morirá, versículo 35).
Y entonces, en medio de todo el peso del juicio, aterriza el mandamiento del tzitzit: “Ve’asú lahém tsitsít… venatnú al tsitsít hakanáf ptil tjélet” (Se harán flecos… y pondrán en el fleco de cada esquina un hilo azul, versículo 38). ¿Qué hace justamente aquí?
Rashí, citando el Midrash Tanjuma, nos devuelve directo al comienzo de la parashá: “veló tatúru ajaréi levavjém” (no explorarán tras su corazón), de la misma raíz que “explorar la tierra”. El corazón y los ojos son los espías del cuerpo: el ojo ve, el corazón desea y el cuerpo comete el pecado. Esa exploración interior que derribó a los espías es la que el tzitzit busca detener. Y agrega: tzitzit suma seiscientos en guematria, y con ocho hilos y cinco nudos, 613. Una vestimenta simple que lleva consigo toda la Torá.
Y sobre el hilo azul enseñó Rabí Meir en Menajot 43b: “El tjélet se parece al mar, el mar se parece al cielo, y el cielo al Trono de la Gloria”. Un solo hilo, y la mirada sube desde él hasta el Trono de la Gloria.
El mensaje es contundente: una parashá que se abrió con ojos que exploraron y se equivocaron se cierra con ojos que ven y recuerdan. La misma raíz, y no por casualidad. La Torá no nos pide cerrar los ojos - nos pide decidir quién los dirige.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.