Parashá Shoftim - Segunda Aliá
Lee el texto bíblico e intenta comprenderlo por ti mismo, antes de leer el comentario.
Una monarquía bajo límites: la Torá reconoce el pedido humano, “asimá alái mélej kejól hagoyím” (pondré sobre mí un rey como todas las naciones, 17:14), pero establece un reinado enmarcado por la ley, no un dominio sin freno.
1) Quién es apto para reinar
“Som tasím aléja mélej ashér yivjár Adonai Elohéja bo” (ciertamente pondrás sobre ti un rey que Adonai tu Dios elija, 17:15), y del otro lado “lo tujál latét aléja ish nojrí” (no podrás poner sobre ti a un extranjero, 17:15). Autoridad sí, extrañeza y distancia no. El líder debe estar arraigado dentro del pueblo y de sus valores.
2) Tres frenos al poder
El rey queda limitado en tres ámbitos centrales:
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El poder militar: “lo yarbé lo susím” (no multiplicará caballos para sí), y más adelante en el versículo “lo tosifún lashúv badérej hazé” (no volverán más por ese camino, 17:16). La fuerza y el ejército no deben convertirse en una ideología que devuelva a la dependencia de Egipto.
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El poder del deseo: “Veló yarbé lo nashim” (ni multiplicará mujeres para sí, 17:17), para que el corazón no se deje arrastrar tras el orgullo y el ansia.
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El poder del dinero: “vejésef vezaháv lo yarbé lo me’ód” (ni acumulará para sí demasiada plata y oro, 17:17). La riqueza no define el liderazgo.
3) La única obligación positiva: un libro sobre la mesa
Cuando se sienta en el trono comienza a escribir: “vejatáv lo et mishné haTorá” (escribirá para sí una copia de esta Torá, 17:18). Los consejeros no bastan. Hay un libro vivo: “Vehaytá imó vekará vo kol yeméi jayáv” (estará con él y leerá en él todos los días de su vida, 17:19). La Torá es una guía diaria que orienta el liderazgo hacia la reverencia, hacia el cuidado de la ley y hacia la acción.
4) Qué sale de esto
El propósito de los límites y del libro: “Leviltí rum levavó me’ejáv ulviltí sur min hamitsvá yamín usmól” (para que su corazón no se eleve por encima de sus hermanos, y no se aparte del mandamiento ni a la derecha ni a la izquierda, 17:20). El liderazgo se mide por la humildad, por la igualdad ante la ley y por una fidelidad amplia. Ni a la derecha ni a la izquierda, una línea recta de mandamiento.
Un gran liderazgo comienza con frenos internos y con un texto abierto delante de los ojos. Incluso quien no es rey puede fijarse un libro propio, un principio frente al cual se examinan el poder, el deseo y el dinero, para que su corazón no se eleve.
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