2Lema'án tirá et Adonai Elohéja lishmór et kol jukotáv umitsvotáv ashér anojí metsavejá atá uvinjá uvén binjá kol yeméi jayejá ulma'án ya'arijún yamejá
La aliá se abre cerrando la descripción de la revelación en el monte Sinaí: “Et hadevarím ha’éle dibér Adonai el kol kehaljém… kol gadól veló yasáf” (Estas palabras habló Adonai a toda su asamblea… una voz grande, y no cesó, Deuteronomio 5:19). Rashí explica “veló yasaf” siguiendo al Targum: “Lo traducimos ‘y no cesó’… porque su voz es poderosa y perdura para siempre” (Rashí sobre Deuteronomio 5:19), y trae también una segunda lectura, que no volvió a manifestarse con semejante publicidad. Una voz que fue grabada en dos tablas de piedra y entregada a Moisés.
Ante la revelación imponente, el pueblo se acerca a Moisés con temor reverente y dice: hemos visto la gloria de Dios y oído su voz desde el fuego, y aun así vivimos, pero tememos que si seguimos escuchando moriremos. Piden que Moisés sea su emisario, que escuche la palabra de Dios y se la transmita.
La respuesta divina es conmovedora: “heitivú kol ashér diberú” (bien han dicho en todo lo que han hablado, Deuteronomio 5:25). Hay aquí un reconocimiento de que el temor reverente no es debilidad, sino un instrumento para preservar la cercanía y el compromiso. Y entonces se escucha el llamado poco común: “Mi yitén vehayá levavám ze lahém” (¡Quién diera que este corazón suyo permanezca en ellos!, Deuteronomio 5:26), un anhelo de que ese temor quede en sus corazones para siempre.
Dios ordena a Moisés volver y enseñarles todos los mandamientos, los estatutos y las leyes, para que los cumplan en la tierra que están por heredar. La Torá lo subraya una y otra vez: no se aparten a la derecha ni a la izquierda, anden por todo el camino, para que vivan y prolonguen sus días sobre la tierra.
Hacia el final de la aliá se abre una introducción al mandamiento central que vendrá: el temor de Dios y la observancia de los mandamientos por todas las generaciones, “atá uvinjá uvén binjá” (tú, tu hijo y el hijo de tu hijo, Deuteronomio 6:2), como forma de vida continua que trae largura de días y abundancia en una tierra que fluye leche y miel.
El pedido “Mi yitén” es una expresión poco común de anhelo. Hay en él una insinuación de que el vínculo con Dios no es unilateral, que Él también nos “quiere”. El temor y el amor que desarrollamos no son solo exigencias hacia nosotros, son también algo anhelado. Cuando cumplimos un mandamiento desde una conexión interior, respondemos a ese llamado oculto y nos acercamos a Él de verdad.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.