25Utsdaká tihyé lánu ki nishmór la'asót et kol hamitsvá hazót lifnéi Adonai Elohéinu ka'ashér tsivánu
En medio de su discurso, Moisés se detiene y entrega a Israel la declaración que acompañará al pueblo por todas las generaciones: “Shemá Yisra’él Adonai Elohéinu Adonai ejád” (Escucha Israel, Adonai es nuestro Dios, Adonai es uno, Deuteronomio 6:4). Un versículo breve, y es el fundamento de la fe judía: la unidad del Creador, que no deja lugar a la idolatría ni a una pluralidad de poderes.
Enseguida llega el mandato de amar a Dios “bejól levavjá uvejól nafshejá” (con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu haber, Deuteronomio 6:5). Rashí sobre el versículo explica “me’odéja” como con todos tus bienes, y da la razón: hay personas para quienes su dinero es más querido que su propio cuerpo, y por ellas se dijo también esta palabra. Moisés subraya que la Torá debe estar “al” (sobre tu corazón, Deuteronomio 6:6), no un saber intelectual solamente, sino una percepción interior y viva. El camino hacia eso es la repetición constante, la transmisión del mensaje a los hijos y la conversación sobre palabras de Torá en toda situación: en la casa y en el camino, al acostarse y al levantarse.
Los mandamientos de tefilín y mezuzá aparecen aquí como parte de ese mismo entramado, un vínculo diario y concreto con la Torá, sobre el brazo y sobre la cabeza, y en la entrada de la casa y en los portones. De allí la Torá pasa a advertir al pueblo: cuando entren en la tierra y encuentren ciudades, casas, cisternas y viñas ya preparadas para ellos, deberán cuidarse de no olvidar a Dios y de no dejarse arrastrar tras los dioses de los pueblos que los rodean.
Moisés recuerda lo ocurrido en Masá y advierte que no pongan a prueba a Dios, sino que guarden sus mandamientos y hagan “hayashár vehatóv be’einéi Adonai” (lo recto y lo bueno a los ojos de Adonai, Deuteronomio 6:18). Rambán sobre el versículo trae en nombre de nuestros Sabios que se trata de la transacción y de ir más allá de la letra de la ley, y explica la intención: la Torá no puede registrar toda la conducta de una persona con sus vecinos y sus compañeros ni todos sus negocios, y por eso, después de detallar muchos mandamientos, vuelve y ordena en términos generales hacer lo recto y lo bueno incluso allí donde no dio una instrucción explícita.
La aliá se cierra con un intercambio educativo que no envejece: el hijo pregunta “ma ha’edót vehajukím vehamishpatím” (¿qué son los testimonios, los estatutos y las leyes?, Deuteronomio 6:20), y la respuesta no comienza con una explicación filosófica sino con un relato: “avadím hayínu leFar’ó beMitsráyim vayotsi’énu Adonai miMitsráyim beyád jazaká” (esclavos fuimos del faraón en Egipto, y Adonai nos sacó de Egipto con mano fuerte, Deuteronomio 6:21). La memoria nacional es el suelo sobre el que se entienden los mandamientos. No son un decreto arbitrario, sino el camino para vivir bien.
Una idea para la vida: El Shemá pide unir la fe a un corazón que late, y la palabra a la acción. Enseña que transmitir la fe a la generación siguiente no es solo una clase organizada, vive en cada instante. La conversación pequeña con un hijo en el camino y el ejemplo personal en la casa son los que llevan el pacto hacia adelante. Un niño no recuerda lo que le explicaron, recuerda lo que vio.
Más Preguntas sobre la Parashá
Pronto habrá más preguntas sobre esta parashá. Mientras tanto, explora nuestro estudio diario de Torá.