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Parashat Koraj - Segunda Aliá

· 3 min de lectura
Texto bíblico (Koraj — Aliá 2 de 7)

Lee el texto bíblico e intenta comprenderlo por ti mismo, antes de leer el comentario.

יד אַף לֹא אֶל אֶרֶץ זָבַת חָלָב וּדְבַשׁ הֲבִיאֹתָנוּ וַתִּתֶּן לָנוּ נַחֲלַת שָׂדֶה וָכָרֶם הַעֵינֵי הָאֲנָשִׁים הָהֵם תְּנַקֵּר לֹא נַעֲלֶה׃
16:14 Af lo el érets zavát jaláv udvásh havi'oténu, vatitén lánu najalát sadé vajárem, ha'einéi ha'anashím hahém tenakér, lo na'alé
טו וַיִּחַר לְמֹשֶׁה מְאֹד וַיֹּאמֶר אֶל יְדוָד אַל תֵּפֶן אֶל מִנְחָתָם לֹא חֲמוֹר אֶחָד מֵהֶם נָשָׂאתִי וְלֹא הֲרֵעֹתִי אֶת אַחַד מֵהֶם׃
15 Vayijár leMoshé me'ód, vayómer el Adonai: Al téfen el minjatám, lo jamór ejád mehém nasáti, veló hare'óti et ajád mehém
טז וַיֹּאמֶר מֹשֶׁה אֶל קֹרַח אַתָּה וְכָל עֲדָתְךָ הֱיוּ לִפְנֵי יְדוָד אַתָּה וָהֵם וְאַהֲרֹן מָחָר׃
16 Vayómer Moshé el Koráj: Atá vejól adatjá heyú lifnéi Adonai, atá vahém ve'Aharón majár
יז וּקְחוּ אִישׁ מַחְתָּתוֹ וּנְתַתֶּם עֲלֵיהֶם קְטֹרֶת וְהִקְרַבְתֶּם לִפְנֵי יְדוָד אִישׁ מַחְתָּתוֹ חֲמִשִּׁים וּמָאתַיִם מַחְתֹּת וְאַתָּה וְאַהֲרֹן אִישׁ מַחְתָּתוֹ׃
17 Ukejú ish majtató unetatém aleihém ketóret, vehikravtém lifnéi Adonai ish majtató, jamishím umatáyim majtót, ve'atá ve'Aharón ish majtató
יח וַיִּקְחוּ אִישׁ מַחְתָּתוֹ וַיִּתְּנוּ עֲלֵיהֶם אֵשׁ וַיָּשִׂימוּ עֲלֵיהֶם קְטֹרֶת וַיַּעַמְדוּ פֶּתַח אֹהֶל מוֹעֵד וּמֹשֶׁה וְאַהֲרֹן׃
18 Vayikjú ish majtató, vayitnú aleihém esh, vayasímu aleihém ketóret, vaya'amdú pétaj óhel mo'éd, uMoshé ve'Aharón
יט וַיַּקְהֵל עֲלֵיהֶם קֹרַח אֶת כָּל הָעֵדָה אֶל פֶּתַח אֹהֶל מוֹעֵד וַיֵּרָא כְבוֹד יְדוָד אֶל כָּל הָעֵדָה׃
19 Vayakhél aleihém Koráj et kol ha'edá el pétaj óhel mo'éd, vayerá jevód Adonai el kol ha'edá

La disputa se intensifica. Koraj y su congregación ahora se enfrentan no solo a Moisés y Aarón, sino a la santidad misma. La segunda aliá de Parashat Koraj nos lleva a un momento cargado de ambición, ceguera y revelación divina.

Datán y Avirám se niegan a subir, y cuando hablan, de su boca brota amargura: “Af lo el érets zavát jaláv udvásh havi’oténu vatitén lánu najalát sadé vajárem” (En verdad no nos has llevado a una tierra que mana leche y miel, ni nos has dado heredad de campo y viña, versículo 14). Invierten la realidad. Egipto, esa misma tierra que oprimió a Israel con dura servidumbre, es presentada como la tierra que mana leche y miel. ¿Y la Tierra Prometida? Ni siquiera se ve en el horizonte. Así actúa la envidia: distorsiona la mirada, convierte la esclavitud en redención y el camino hacia la redención en mentira.

La respuesta de Moisés es limpia y profunda: “Lo jamór ejád mehém nasáti veló hare’óti et ajád mehém” (No he tomado de ellos ni un solo asno, ni he hecho daño a ninguno de ellos, versículo 15). Moisés, que creció en la casa del Faraón y se convirtió en líder de Israel, da testimonio de sí mismo con integridad absoluta. No tomó nada, jamás usó su cargo en beneficio propio. El verdadero liderazgo no extrae, da.

El enfrentamiento llega a su clímax: ambos lados son convocados a la prueba del incienso, el servicio sagrado que exige una pureza interior total. “Ukejú ish majtató… jamishím umatáyim majtót, ve’atá ve’Aharón ish majtató” (Y tome cada uno su incensario… doscientos cincuenta incensarios, y tú y Aarón cada uno con su incensario, versículo 17). Doscientos cincuenta príncipes, cada uno con su incensario, frente a Aarón.

Y en esa misma hora, Rashí en el versículo 19 revela lo que Koraj hizo en las horas previas al amanecer: “Con palabras de burla, toda esa noche fue de tribu en tribu y los sedujo: ‘¿Creen que es solo por mí que me indigno? No me indigno sino por todos ustedes. Estos vienen y se quedan con todas las grandezas, para él la realeza y para su hermano el sacerdocio.’” No se contentó con el incensario. Toda la noche recorrió las tribus, vistiendo su lucha personal con el manto de una preocupación comunitaria.

Y entonces llega el momento: “Vayakhél aleihém Koráj et kol ha’edá el pétaj óhel mo’éd vayerá jevód Adonai el kol ha’edá” (Koraj congregó contra ellos a toda la comunidad a la entrada de la Tienda de la Reunión, y la gloria de Adonai apareció a toda la comunidad, versículo 19). Rashí explica: la gloria de Adonai “vino en una columna de nube”. Koraj reunió una multitud detrás de él, y la Shejiná respondió con una columna de nube. Aquí ya no se trata de un debate ideológico. Es una colisión frontal con la elección divina.

El contraste entre Moisés y Koraj es tan agudo como puede serlo. Moisés está de pie con las manos vacías ante Adonai, testimoniando que jamás tomó ni siquiera un asno. Koraj sostiene un incensario, una gran multitud y una lengua de burla nocturna. La verdadera prueba de una postura no es si suena justa ante la multitud, sino si se sostiene cuando enfrenta la columna de nube.

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