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¿El adversario del que el hablante pide ser salvado es necesariamente un enemigo externo, o se puede leer parte del piyut como si el gran enemigo estuviera también dentro de la persona misma?

· 7 min de lectura
Yom Kipur
Piyut(Rabí Yehuda ibn Bal'am, una selijá sefardí del siglo XI)
בְּזָכְרִי עַל מִשְׁכָּבִי זְדוֹן לִבִּי וַאֲשָׁמָיו
אָקוּמָה וְאָבוֹאָה אֶל בֵּית אֱלֹהַי וַהֲדוֹמָיו
וָאֹמַר בְּנָשְׂאִי עַיִן בְּתַחֲנוּנַי אֱלֵי שָׁמָיו
נִפְּלָה נָא בְּיַד יְדוָד כִּי רַבִּים רַחֲמָיו
Bezojrí al mishkaví zedón libí va'ashamáv
Akumá ve'avoá el beit Elohái vahadomáv
Va'omár benos'í áyin betajanunái eléi shamáv
Niplá na beyád Adonai ki rabím rajamáv
לְךָ אֵלִי צוּר חֵילִי מְנוּסָתִי בְּצָרָתִי
בְּךָ שִׂבְרִי וְתִקְוָתִי אֱיָלוּתִי בְּגָלוּתִי
לְךָ כָּל מִשְׁאֲלוֹת לִבִּי וְנֶגְדְּךָ כָּל תַּאֲוָתִי
פְּדֵה עֶבֶד לְךָ צוֹעֵק מִיַּד רוֹדָיו וְקָמָיו
נִפְּלָה נָא בְּיַד יְדוָד כִּי רַבִּים רַחֲמָיו
Lejá Elí Tsur jeilí menusatí betsaratí
Bejá sivrí vetikvatí eyalutí begalutí
Lejá kol mish'alót libí venegdejá kol ta'avatí
Pedé éved lejá tso'ék miyád rodáv vekamáv
Niplá na beyád Adonai ki rabím rajamáv
עֲנֵנִי יְדוָד עֲנֵנִי בְּקָרְאִי מִן הַמֵּצַר
וְיִוָּדַע בָּעַמִּים כִּי יָדְךָ לֹא תִקְצַר
וְאַל תִּבְזֶה עֱנוּת עָנִי צוֹעֵק מִתִּגְרַת צַר
אֲשֶׁר פְּשָׁעָיו לְךָ מוֹדֶה וּמִתְוַדֶּה עַל עֲלוּמָיו
נִפְּלָה נָא בְּיַד יְדוָד כִּי רַבִּים רַחֲמָיו
Anéni Adonai anéni bekor'í min hametsár
Veyivadá ba'amím ki yadjá lo tiktsár
Ve'ál tivzé enút aní tso'ék mitigrát tsar
Ashér pesha'áv lejá modé umitvadé al alumáv
Niplá na beyád Adonai ki rabím rajamáv
מַה יִּתְאוֹנֵן וְיֹאמַר מַה יְּדַבֵּר וְיִצְטַדָּק
יְצִיר חוֹמֶר אֲשֶׁר תָּשׁוּב גְּוִיָּתוֹ כְּאָבָק דַּק
מַה יִּתֵּן לְךָ הָאָדָם כִּי יִרְשַׁע וְכִי יִצְדַּק
הֲלֹא מִלָּיו וּמִפְעָלָיו כְּתוּבִים בְּסֵפֶר יָמָיו
נִפְּלָה נָא בְּיַד יְדוָד כִּי רַבִּים רַחֲמָיו
Ma yit'onén veyomár ma yedabér veyitstadák
Yetsír jómer ashér tashúv geviyató ke'avák dak
Ma yitén lejá ha'adám ki yirshá vejí yitsdák
Haló miláv umif'aláv ketuvím beséfer yamáv
Niplá na beyád Adonai ki rabím rajamáv
חֲצוֹת לַיְלָה לְךָ קָמוּ עֲבָדֶיךָ בְּמַהֲלָלָם
זְכוּת אָבוֹת לָהֶם תִּזְכֹּר וְאַל תֵּפֶן לְמַעֲלָלָם
קְנֵה עֲדָתְךָ כִּימֵי קֶדֶם קְדוֹשׁ יַעֲקֹב גֹּאֲלָם
וְהִנָּשֵׂא הָאֵל עוֹשֶׂה הַשָּׁלוֹם בִּמְרוֹמָיו
נִפְּלָה נָא בְּיַד יְדוָד כִּי רַבִּים רַחֲמָיו
Jatsót layla lejá kamú avadéja bemahalalám
Zejút avót lahém tizkór ve'ál téfen lema'alalám
Kené adatjá kiméi kédem Kedósh Ya'akóv go'alám
Vehinasé ha'él osé hashalóm bimromáv
Niplá na beyád Adonai ki rabím rajamáv

Interpretación de Yaniv Madar. Del canal Darbuka.

Sí. Es perfectamente posible leer “el adversario” en dos capas a la vez, como enemigo externo real y también como enemigo interior. Y justamente esa lectura doble vuelve al piyut mucho más profundo.

En el nivel llano, el piyut tiene un lenguaje claro de angustia externa: “Redime a un siervo que clama a Ti de la mano de sus perseguidores y de los que se alzan contra él”, “que clama por la contienda del adversario”. Es decir, el hablante describe perseguidores, gente que se alza contra él y un adversario que lo amenaza desde afuera. No hay razón para borrar ese sentido.

Pero si se mira el piyut completo, resulta que la primera amenaza que aparece en él no es en absoluto un enemigo externo.

El piyut se abre con “Cuando me acuerdo en mi lecho de la soberbia de mi corazón y sus culpas”.

Es decir, antes de que aparezcan perseguidores y adversarios, ya apareció un enemigo que está adentro: el corazón mismo.

Y aquí empieza la posibilidad de una lectura más profunda.

El hablante no dice solamente: alguien me persigue.

Dice también: dentro de mí hay soberbia, culpa, deseo, transgresiones, actos de los que me avergüenzo, y cosas que quizá intento justificar.

Por eso se puede leer el piyut como si tuviera dos “adversarios”:

  • El adversario externo: el perseguidor, el enemigo, el exilio, la realidad dura
  • El adversario interior: el impulso, la culpa, el deseo, la autojustificación y el pecado

Y lo fascinante es que el poeta no los separa de manera tajante.

Cuando dice “desde la angustia”, se puede entender una angustia real. Pero dentro del contexto del piyut, la persona está también en una angustia del alma: está atrapada entre lo que hizo y lo que querría ser.

Hay aquí, como lectura literaria, una especie de recorrido:

Al principio teme lo que hay dentro de él.

Después pide ser salvado de lo que está fuera de él.

Y luego vuelve otra vez a sí mismo y reconoce sus transgresiones.

Es decir, cada vez que parece que el peligro está “allá afuera”, el piyut devuelve la mirada hacia adentro.

Y esto se vuelve especialmente agudo en la estrofa:

“Qué se quejará y dirá, qué hablará y con qué se justificará”

Aquí ya no hay perseguidor externo. La persona está frente a sí misma y frente al Santo, bendito sea, y descubre que uno de sus mayores obstáculos es el deseo mismo de justificarse.

Y este es un punto muy fuerte.

A veces el enemigo interior no es solo el pecado mismo.

A veces el enemigo es la historia que una persona se cuenta a sí misma para no cambiar.

“En realidad no fue mi culpa.”

“No tenía opción.”

“Todos lo hacen.”

“Yo estoy bastante bien.”

El piyut rompe ese mecanismo. Dice, en efecto: ¿qué podría hablar el hombre y con qué se justificaría?

Y entonces ocurre algo hermoso: en el momento en que una persona deja de pelear para demostrar que tiene razón, puede empezar a pedir misericordia.

Y esto explica también por qué el estribillo es tan significativo.

“Caigamos en manos del Señor, porque sus misericordias son muchas”

Si el adversario es solo un enemigo externo, el estribillo dice: sálvame de él.

Pero si el adversario está también dentro de mí, el estribillo adquiere un sentido mucho más profundo:

Sálvame también de mí.

No en el sentido de anularse a uno mismo, sino en el de ser rescatado de los patrones, los deseos y los pecados de los que la persona misma se volvió cautiva.

Y esto se conecta muy bien con la expresión “mi refugio en mi angustia”.

En la lectura corriente: Dios es el lugar al que huyo cuando el enemigo me persigue.

En la lectura interior: ¿adónde se huye cuando el enemigo está dentro de ti?

No se puede simplemente correr a otro lugar.

Y por eso la huida no es geográfica. Es espiritual.

La persona “huye” hacia el Santo, bendito sea, justamente porque no puede huir de sí misma.

Esta es, a mi entender, una de las lecturas más fuertes del piyut: el hablante no pide solo que el Santo, bendito sea, cambie la realidad a su alrededor. Pide que el encuentro con Él lo cambie también a él.

Y esto puede explicar también el paso, al final, hacia “medianoche”. Al comienzo del piyut está acostado en su cama recordando sus pecados. Al final ya se levanta junto con “tus siervos”.

Se puede ver en esto un recorrido simbólico:

Acostarse -> recuerdo del pecado -> súplicas -> confesión -> sometimiento -> levantarse.

Es decir, la persona que empieza encerrada dentro de sus propios pensamientos, termina como alguien que se levanta.

Entonces, ¿quién es el “adversario”?

En el nivel llano, un enemigo externo.

Pero en el nivel homilético y literario se puede decir con toda seguridad que el piyut insinúa que el enemigo más difícil puede ser también el que la persona lleva consigo a todas partes: la soberbia de su corazón, sus deseos, sus pecados y su necesidad de justificarse.

Y quizá por eso el poeta no se conforma con pedir “salvación”.

Pide redención.

Porque la salvación es salir de un peligro.

La redención es salir de una servidumbre.

Y la servidumbre más profunda del piyut puede ser no solo hacia otra persona, sino hacia una versión de nosotros mismos de la que no logramos liberarnos.

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