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En el piyut "Bezojrí al Mishkaví", ¿por qué eligió Rabí Yehuda ibn Bal'am repetir una y otra vez justamente "Caigamos en manos del Señor, porque sus misericordias son muchas"?

· 8 min de lectura
Yom Kipur

La selijá “Bezojrí al Mishkaví” fue escrita en España en el siglo XI por Rabí Yehuda ibn Bal’am, gramático y comentarista bíblico que nació en Toledo y luego se mudó a Sevilla. El piyut se recita en las comunidades sefardíes y orientales durante las selijot de Elul y de los Diez Días de Arrepentimiento, en las horas previas al amanecer. El autor firmó su nombre dentro del propio poema: las letras iniciales de las estrofas forman “Bal’am”, y las letras iniciales de los versos de la última estrofa forman “jazak”, fuerte.

Piyut(Rabí Yehuda ibn Bal'am, una selijá sefardí del siglo XI)
בְּזָכְרִי עַל מִשְׁכָּבִי זְדוֹן לִבִּי וַאֲשָׁמָיו
אָקוּמָה וְאָבוֹאָה אֶל בֵּית אֱלֹהַי וַהֲדוֹמָיו
וָאֹמַר בְּנָשְׂאִי עַיִן בְּתַחֲנוּנַי אֱלֵי שָׁמָיו
נִפְּלָה נָא בְּיַד יְדוָד כִּי רַבִּים רַחֲמָיו
Bezojrí al mishkaví zedón libí va'ashamáv
Akumá ve'avoá el beit Elohái vahadomáv
Va'omár benos'í áyin betajanunái eléi shamáv
Niplá na beyád Adonai ki rabím rajamáv
לְךָ אֵלִי צוּר חֵילִי מְנוּסָתִי בְּצָרָתִי
בְּךָ שִׂבְרִי וְתִקְוָתִי אֱיָלוּתִי בְּגָלוּתִי
לְךָ כָּל מִשְׁאֲלוֹת לִבִּי וְנֶגְדְּךָ כָּל תַּאֲוָתִי
פְּדֵה עֶבֶד לְךָ צוֹעֵק מִיַּד רוֹדָיו וְקָמָיו
נִפְּלָה נָא בְּיַד יְדוָד כִּי רַבִּים רַחֲמָיו
Lejá Elí Tsur jeilí menusatí betsaratí
Bejá sivrí vetikvatí eyalutí begalutí
Lejá kol mish'alót libí venegdejá kol ta'avatí
Pedé éved lejá tso'ék miyád rodáv vekamáv
Niplá na beyád Adonai ki rabím rajamáv
עֲנֵנִי יְדוָד עֲנֵנִי בְּקָרְאִי מִן הַמֵּצַר
וְיִוָּדַע בָּעַמִּים כִּי יָדְךָ לֹא תִקְצַר
וְאַל תִּבְזֶה עֱנוּת עָנִי צוֹעֵק מִתִּגְרַת צַר
אֲשֶׁר פְּשָׁעָיו לְךָ מוֹדֶה וּמִתְוַדֶּה עַל עֲלוּמָיו
נִפְּלָה נָא בְּיַד יְדוָד כִּי רַבִּים רַחֲמָיו
Anéni Adonai anéni bekor'í min hametsár
Veyivadá ba'amím ki yadjá lo tiktsár
Ve'ál tivzé enút aní tso'ék mitigrát tsar
Ashér pesha'áv lejá modé umitvadé al alumáv
Niplá na beyád Adonai ki rabím rajamáv
מַה יִּתְאוֹנֵן וְיֹאמַר מַה יְּדַבֵּר וְיִצְטַדָּק
יְצִיר חוֹמֶר אֲשֶׁר תָּשׁוּב גְּוִיָּתוֹ כְּאָבָק דַּק
מַה יִּתֵּן לְךָ הָאָדָם כִּי יִרְשַׁע וְכִי יִצְדַּק
הֲלֹא מִלָּיו וּמִפְעָלָיו כְּתוּבִים בְּסֵפֶר יָמָיו
נִפְּלָה נָא בְּיַד יְדוָד כִּי רַבִּים רַחֲמָיו
Ma yit'onén veyomár ma yedabér veyitstadák
Yetsír jómer ashér tashúv geviyató ke'avák dak
Ma yitén lejá ha'adám ki yirshá vejí yitsdák
Haló miláv umif'aláv ketuvím beséfer yamáv
Niplá na beyád Adonai ki rabím rajamáv
חֲצוֹת לַיְלָה לְךָ קָמוּ עֲבָדֶיךָ בְּמַהֲלָלָם
זְכוּת אָבוֹת לָהֶם תִּזְכֹּר וְאַל תֵּפֶן לְמַעֲלָלָם
קְנֵה עֲדָתְךָ כִּימֵי קֶדֶם קְדוֹשׁ יַעֲקֹב גֹּאֲלָם
וְהִנָּשֵׂא הָאֵל עוֹשֶׂה הַשָּׁלוֹם בִּמְרוֹמָיו
נִפְּלָה נָא בְּיַד יְדוָד כִּי רַבִּים רַחֲמָיו
Jatsót layla lejá kamú avadéja bemahalalám
Zejút avót lahém tizkór ve'ál téfen lema'alalám
Kené adatjá kiméi kédem Kedósh Ya'akóv go'alám
Vehinasé ha'él osé hashalóm bimromáv
Niplá na beyád Adonai ki rabím rajamáv

Para escuchar el piyut en una interpretación sefardí: Dudu Dery, “Bezojrí al Mishkaví”.

Este es uno de los puntos más hermosos del piyut, porque la palabra que suena más aterradora en él, “caigamos”, se convierte justamente en una palabra de confianza.

El estribillo de Rabí Yehuda ibn Bal’am se apoya claramente en las palabras del rey David después del pecado del censo. Cuando David debe elegir entre distintos castigos, dice:

“Y David dijo a Gad: Estoy en gran angustia. Caigamos en manos del Señor, porque sus misericordias son muchas, y no caiga yo en manos de hombre.” 2 Samuel 24:14.

Es decir, David no dice: sálvenme para que no caiga. Dice casi lo contrario: si voy a caer, quiero caer en manos del Santo, bendito sea.

Y aquí está la novedad.

A veces la caída es justamente el lugar seguro

Por lo general quien cae busca algo de qué sujetarse. Pero en este piyut quien reza llega a la conclusión de que no tiene nada propio de qué sujetarse.

Ya al comienzo del piyut recuerda sus pecados. Después reconoce sus transgresiones, renuncia al intento de justificarse, menciona que el hombre está hecho de barro y termina en polvo, y por último incluso pide que no se miren las obras de Israel sino que se les recuerde el mérito de los patriarcas.

Es decir, a medida que el piyut avanza, el hombre se despoja capa tras capa de su confianza en sí mismo.

No tiene argumento.

No tiene logro que presentar.

No tiene manera de decir: me lo merezco.

¿Y qué queda?

Caer.

Pero no caer en el vacío.

Caer en manos de Dios.

Y esa es una diferencia enorme.

David elige quién lo sostendrá cuando caiga

El contexto bíblico vuelve al estribillo todavía más poderoso. David se encuentra después de un pecado. No sostiene que sea inocente. Al contrario, antes reconoce su pecado. Después, cuando debe elegir, prefiere quedar en manos de Dios, porque las misericordias de Dios son muchas, y no en manos de seres humanos.

Por eso, a mi entender, ibn Bal’am no usa el versículo solamente porque encaja con las selijot.

Toma un momento de un hombre culpable que no tiene adónde huir, y lo convierte en el estribillo de todo el piyut.

Y esa es exactamente la situación del que habla.

También él dice en efecto: pequé, no tengo justificación suficiente, no puedo borrar el pasado, pero sé con quién quiero estar ahora.

Esto no es una huida del juicio.

Es una elección de a quién entregarse dentro del juicio.

Y hay aquí algo todavía más profundo

Observa lo que ibn Bal’am le hace al versículo.

En Samuel, David también dice:

“Y no caiga yo en manos de hombre.” 2 Samuel 24:14.

Pero en el estribillo, ibn Bal’am se detiene antes de esta parte.

Repite solamente:

“Caigamos en manos del Señor, porque sus misericordias son muchas”

Es una decisión literaria fascinante.

El centro de la frase ya no es el temor a la mano del hombre. El centro de la frase es la confianza en las misericordias de Dios.

Es decir, el versículo bíblico también está construido como un contraste: la mano de Dios frente a la mano del hombre.

En el piyut, lo que queda en la mente una y otra vez es una sola cosa:

Sus misericordias son muchas.

Y eso cambia toda la atmósfera.

Y por eso el estribillo cambia cada vez que regresa

La primera vez, después de que quien habla recordó la soberbia de su corazón y sus culpas, el estribillo suena como la confesión de un hombre asustado: soy culpable, y por eso me entrego a la misericordia.

Después de la estrofa en la que pide ser salvado de sus perseguidores, ese mismo verso ya suena como una petición de refugio.

Después de la estrofa en la que reconoce sus transgresiones, suena como la certeza de que se puede confesar sin desesperar.

Después de la estrofa sobre el hombre cuyo cuerpo ha de volver al polvo, suena casi como una admisión de que la persona no controla ni siquiera su propia existencia.

Y en la última estrofa, cuando la plegaria ya pasa del individuo a “tus siervos”, “el mérito de los patriarcas” y “tu congregación”, el estribillo ya no es solamente la oración de un hombre.

Se convierte en la oración de una comunidad entera.

Y hay aquí una paradoja maravillosa

Por lo general pensamos que la esperanza significa: lograré mantenerme en pie.

Ibn Bal’am propone aquí, como lectura literaria, una posibilidad casi opuesta:

A veces la esperanza empieza justamente cuando la persona deja de fingir que se sostiene por sus propias fuerzas.

Cae.

Pero sabe hacia dónde cae.

Y ese es quizá el secreto de las palabras “porque sus misericordias son muchas”:

La confianza de quien reza no se basa en la pregunta de cuán justo es.

Se basa en la pregunta de quién es el Santo, bendito sea, a quien se dirige.

Por eso la repetición no es un simple estribillo musical. Es el ancla de todo el poema. En cada estrofa el poeta descubre otra razón por la que no tiene nada propio en qué apoyarse, y cada vez vuelve a la misma respuesta:

No me apoyo en mis méritos.

No en mi fuerza.

No en mi capacidad de justificarme.

Prefiero caer en manos de Aquel cuyas misericordias son muchas.

Y eso es lo que convierte la “caída” aquí, de imagen de desesperación en imagen de fe.

Vale la pena señalar que en la versión paralela de Crónicas se dice: “Caiga yo ahora en manos del Señor, porque sus misericordias son muchísimas, y no caiga yo en manos de hombre.” (1 Crónicas 21:13). También allí el corazón de la frase es la misma idea: en el momento en que no hay posibilidad de escapar de la crisis, la elección que queda es confiar en la misericordia.

Otro artículo de la serie sobre el piyut “Bezojrí al Mishkaví”:

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